Paradojas para disfrutar de la “Teoría de los Juegos”. Jacobson, Steinberg & Goldman - Conde Salvatierra de Álava, 39, 4º, 9ª Valencia 46004 - España - jacobson@jcbson.com - Tf. 96 351 54 64 Se dice que cuando se creó el mundo de los negocios, se designó a un reducido grupo de personas para ser los Guardianes de los 3 Continentes económicos conocidos (Agricultura, Industria y Tecnología). Éstos deberían velar sigilosamente por la correcta aplicación de las leyes comerciales y sobre todo, corregir los desequilibrios naturales que la ambición humana pudiese ocasionar,  siempre sin llamar la atención, ni darse a conocer ya que la falta de discreción estaba reñida con la aceptación de dicho cometido, según el mandato divino. Se cuenta que en el siglo XV, en el Reino de Valencia, uno de estos guardianes vivía felizmente casado con una guapa joven. Tenía 3 hijos inteligentes y trabajadores y aparentemente, no necesitaba para vivir más que mantener su pequeña sastrería. Su nombre era Samuel Benelbas. D. Sancho Planells, rico, celoso y evidioso hacendado, no entendía como con una vida así, este hombre podía ser tan feliz. Durante noches estuvo dándole vueltas a la idea de generar la infelicidad a esta persona. Después de mucho pensar, una noche dejó en la puerta de la sastrería de Samuel una bolsa con 10 monedas de oro. A la mañana siguiente, el Guardián de los Continentes dio gracias a Dios por la grata sorpresa, no sin antes preguntar a sus vecinos si a alguien se le había extraviado dicha bolsa. A la mañana siguiente se volvió a encontrar otra bolsa idéntica, con 10 monedas más y así durante 7 noches más. El Guardián de los Continentes se sentía más feliz todavía. La décima madrugada, también se encontró una bolsa idéntica a las anteriores, pero al contar las monedas se percató de que habían solamente 9. Las contó una y otra vez de forma apresurada, pero el resultado era siempre el mismo: habían solo 9 monedas. Ante tal hallazgo gritó visiblemente contrariado ante la atónita mirada de su familia: “¡Alguien me ha robado una!” En las 3 madrugadas siguientes, Samuel no encontró bolsa alguna en su portal y ya agotado por el cansancio y el insomnio, se quedó profundamente dormido. Al despertar y ya reconfortado, le dijo a su querida esposa que una profunda “voz” le había hablado con autoridad durante el sueño: “Cuando un hombre recibe 9 bolsas con 10 monedas y una décima bolsa con 9 de ellas, no debe ser infeliz porque piense que le falta una, sino inmensamente satisfecho porque 99 son las que ha recibido, sintiéndose por ello, eternamente agradecido”. Un Guardián de los Continentes